Cuando la razón cede ante la bestia

24 Ene 2020 | 0 comentarios

Por Claudio Leveroni

No es la primera vez ni será la última. Los casos policiales resonantes, aquellos que despiertan la indignación por la crueldad con la que se cometen, resultan ser un llamador como pocos en la atención de la opinión pública. Agitan sensaciones internas desbordando emociones que suelen disparar todo tipo de apreciaciones.

Semejante tempestad de sentimientos no resultan ser el mejor compañero para la razón, la violencia de estos hechos policiales desata el ser más primario que anida en cada uno de nosotros. Retrocedemos en el tiempo, reposamos nuestra furia en la comodidad del ojo por ojo, diente por diente. Abrazamos la ley de talión, aquel principio jurídico primitivo que plantea reciprocidad en la respuesta a la violencia recibida, como si fuera una justa medición para equiparar el daño de la víctima con el victimario.

Bajo el manto de estos hechos la razón pierde fuerza y parece transformarse en un justificador del delito cometido. Como si lo estuviera defendiendo. Es el motivo central por el cual los propagadores de la expansión del pensamiento se retrotraen en momentos como este. Desaprovechan la posibilidad de utilizar el ejemplo como un disparador de enseñanzas.

La parte más bestial de nosotros gana la pulseada. Solo sirve la venganza. La indignación es un combustible capaz de motivar la búsqueda racional de los conflictos o también puede potenciar una respuesta tan vehemente como primitiva.

Saber cuál de los dos caminos tomar es un desafío personal, una elección de vida. Ir por el sendero de la razón implica una mayor exigencia, elaborar argumentos, nutrirse de otros pensamientos, hay que dedicarle tiempo y esfuerzo. En cambio, elegir el camino visceral, es más sencillo. Me dejo llevar por el sentimiento más primario acomodando la conciencia al mensaje que lo alienta.

Los medios de comunicación, en su gran mayoría, siempre están atentos a bendecir la indignación como si fuera parte de la razón. Ofrecen la venganza como si fuera justicia. Lo vemos en estos días, adjetivando más que informando, juzgando antes que lo haga la justicia. Estigmatizando desde una mera sensación personal. Resultan ser la mayor arteria por donde fluye la doctrina de la sinrazón.

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