Los hombres que deben cuidar al presidente

8 Abr 2020 | 0 comentarios

Por Claudio Leveroni

No es difícil imaginar que cuando Alberto Fernández armó el gabinete que presentó hace tan solo cuatro meses lo hizo pensando en los nuevos tiempos políticos por venir, construyendo acuerdos permanentes con los distintos sectores de la sociedad. Diálogo, consenso, paciencia y mucha negociación para poner proa hacia un nuevo destino nacional, intentando salir del siniestro panorama que heredó. Desocupación, inflación, recesión y brutal endeudamiento. Un combo difícil de combatir sin un acuerdo social y económico con quienes son los protagonistas centrales de la dinámica de un país: el capital y el trabajo.

A poco de caminar el destinó marcó su gestión con un mojón llamado a ser histórico, la pandemia por el coronavirus. Los planes cambiaron radicalmente, la fantástica volatilidad del virus lo llevó en pocas semanas desde China a todo el mundo. El presidente Fernández actuó con celeridad, anunció el aislamiento obligatorio y asumió el riesgo de confrontar con la corriente mundial dominante para combatir la enfermedad. Las principales naciones europeas más Estados Unidos y Brasil, decidieron minimizar las consecuencias. El paso de los días le fue dando la razón al presidente argentino. Se puede observar comparando el desbastador resultado que está dejando el Covid 19 en vidas humanas en los países desarrollados del planeta.

Detener la actividad productiva del país no es una determinación fácilmente digerible para los poderosos grupos de poder más concentrados. La resisten, no solo por el parate productivo que desacelera sus ganancias, les preocupa el éxito que pueda capitalizar un presidente que representa una corriente de pensamiento ubicado en las antípodas del capitalismo salvaje. Tienen el poder suficiente como para amedrentarlo. Techint es un ejemplo. Arremetió con más de 1.400 despidos a pesar de la prohibición expresa de un DNU presidencial. ¿Quién le va a decir algo? Es mucho más que una extorsión. Es una prueba para saber hasta dónde llegará el presidente para hacer valer su mandato como tal.

Fernández es un dirigente con paciencia. Más que las presiones del poder real, lo irrita la pasmosa ingenuidad de algunos integrantes de su gabinete para leer la consecuencia de sus actos y el aprovechamiento de quienes tienen sus fichas puestas en ese capitalismo salvaje. El viernes debió soportar la poca experiencia callejera del presidente del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, y del titular del Anses, Alejandro Vanoli, quienes no previeron la acumulación de personas, jubilados y beneficiarios de la AUH, en la puerta de los bancos intentando cobrar sus haberes. Los bancos privados aportaron lo suyo para que la escenografía fuera más dantesca aún.

En la quinta de Olivos Fernández reprendió a los dos funcionarios y ordenó un nuevo esquema de pagos. Al día siguiente los Bancos pusieron más cajeros, distribuyeron sillas en la calle, repartieron agua e infusiones varias entre quienes esperaban, y hasta regaron en sus manos con el tan buscado alcohol en gel. Con las ganancias que tienen podrían haber convidado sushi a los jubilados. El balance oficial de los Bancos acumula ganancias extraordinarias en los últimos años. Según reseña el periodista y economista Alfredo Zaiat, en 2018, las ganancias acumuladas del sistema financiero (banca pública y privada –nacional y extranjera- y otras entidades) sumaron 144.417 millones de pesos. En 2019, las utilidades ascendieron a 302.863 millones de pesos, lo que significa que el año pasado, en el segundo de la recesión macrista y con una inflación de casi el 55 por ciento anual, la banca más que duplicó sus ganancias. Para ser exactos: las aumentó 109,7 por ciento en doce meses.

Alberto Fernández no tuvo respiro, una vez superado el conflicto del viernes el dirigente social Juan Grabois denunció sobreprecios en la canasta de alimentos que distribuye Desarrollo Social. Un llamado al ministro Daniel Arroyo lo puso en autos de la mala nueva. Desde el ala dura del macrismo se mostraban con el cuchillo entre los dientes. Alberto Fernández salió en los medios a explicar lo sucedido, otra extorsión al Estado, otro movimiento buscando esmerilar su acción de gobierno. En menos de 24 horas 15 funcionarios de distinto calibre de un área de compra de este ministerio fueron desafectados, al tiempo que el presidente ordenó no pagar ningún producto más caro de la lista oficial de la Secretaría de Comercio.

Una cosa es gobernar y otra muy diferente tener el poder. Los hombres del presidente fueron elegidos bajo la óptica de un tiempo distinto. Técnicos de buena imagen con historia de criteriosa austeridad en su perfil. La pandemia modificó sustancialmente el escenario. Para cuidar al presidente, y sus determinaciones políticas, es necesario mayor astucia y fortaleza en cada planteo a sabiendas que el poder real es claramente más fuerte que el gobernante. Una ecuación que difícilmente cambiará en poco tiempo.

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